Concretamos hoy el décimo noveno homenaje a las Víctimas del Terrorismo en esta histórica plaza. Y a pesar de todos los golpes recibidos, seguimos trabajando como el primer el día, concientes de que más tarde o más temprano, la justicia de nuestra causa se terminará imponiendo. Aunque muchas veces nos venza la impaciencia. Porque cada día sentimos más de cerca el veneno de la venganza, con intachables familias destruidas por el revanchismo montonero.

El día 18 de agosto de 1975, el capitán del Ejército Argentino Miguel Alberto Keller encontraba la muerte en una emboscada tendida por terroristas del Ejército Revolucionario del Pueblo. El joven oficial, de 38 años de edad y padre de tres hijos, se dirigía a las instalaciones de Tiro Federal Argentino para efectuar una comprobación rutinaria de armamento. Con el apoyo de un soldado entregador y un terrorista disfrazado de teniente coronel, el grupo guerrillero consiguió apoderarse de 70 Fusiles FAL, 4 Fusiles FAP y más de 20 pistolas.

Pero no sólo militares caían en esta guerra desatada por el odio extremista. El 5 de agosto del año 1974, moría asesinado Martín Salas, un joven de 24 años de edad que trabajaba como vendedor de entradas en un cine de la localidad de La Plata. Fue asesinado en su lugar de trabajo por dos jóvenes montoneros que le dispararon a quemarropa con una escopeta. El joven era miembro de una agrupación peronista de signo contrario a la Tendencia Revolucionaria. Por eso, los nuevos iluminados tenían derecho a quitarle la vida.
El 7 de agosto del año 1975, Adolfo Di Batista también caía asesinado. Era un simple empleado del Canal 5 de Rosario y fue ejecutado por un comando montonero, en momentos en que se dirigía a su lugar de trabajo. Su pecado fue el ser un dirigente gremial de signo político contrario al izquierdismo montonero.
El 19 de agosto de 1976, el señor Carlos Bergometti también moría asesinado por otro comando montonero. No era miembro de las fuerzas armadas, ni de seguridad. Su pecado sería pertenecer a la oligarquía tan odiada, por cuanto se desempeñaba como un alto ejecutivo de la firma Fiat Concord en la ciudad de Córdoba. En el momento de su muerte tenía 38 años de edad, estaba casado y era padre de dos hijos.


Todas estas víctimas continúan reclamando por la verdad, la justicia y la reparación. El pueblo argentino está en deuda con ellas y es nuestra responsabilidad trabajar incansablemente porque algún día se termine con la impunidad... para que sus restos descansen en paz.
Muchas Gracias
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