martes, 27 de diciembre de 2016

DIARIO CLARÍN

Juicios que agravian la Justicia

Por Luis Alberto Romero. Historiador.
La manera en que se desarrollaron los juicios en curso por crímenes de lesa humanidad, reabiertos en 2005, y el trato que se dio a los condenados y a los procesados sin condena, afectan dos principios básicos de nuestra democracia: el Estado de Derecho y los Derechos Humanos.
Me centraré estrictamente en dos puntos: la forma de hacer justicia y la vigencia de los derechos humanos, subrayando que uno y otro principio se sostienen sólo si son universales e iguales para todos. La Justicia busca la verdad judicial, que a diferencia de la verdad subjetiva, se basa en hechos probados, más allá de toda duda razonable. En este principio se asienta el estado de Derecho, que es la piedra fundamental de la institucionalidad democrática.
Los juicios de 1985 a las Juntas Militares fueron reconocidamente impecables: cumplieron su función punitoria, afirmaron la soberanía de la ley, cimentaron el Estado de Derecho y fundamentaron los Derechos Humanos. Cuando se reabrieron los juicios, en 2005, la idea de justicia había sido desplazada por la de retaliación o revancha. En un nuevo contexto político, se cambió la defensa inicial de la Justicia, la Verdad y la Memoria por el reclamo de la justicia del Talión: quienes habían cometido delitos de lesa humanidad no merecían ni un juicio justo ni el amparo de los derechos humanos.
Desde 2005 han sido imputadas unas 2.500 personas, pertenecientes a las Fuerzas Armadas y de Seguridad de todo rango, así como miembros del poder judicial. Luego de diez años, 76 fueron absueltos y 723 condenados, la gran mayoría con cadena perpetua. Unos mil imputados y acusados están en cárceles, y a la mitad de ellos se les deniega sistemáticamente la prisión domiciliaria, pese a reunir todas las condiciones que marca la ley. No hay perspectivas de que el trámite se acelere, y la lista de imputados sigue abierta.
He reunido muchos testimonios sobre los juicios sustanciados, particularmente de funcionarios judiciales que actuaron en varios de ellos, y pude corroborar buena parte de sus datos en las crónicas periodísticas.
El entorno de los juicios fue muy diferente al de 1985. El Gobierno, con una idea preconcebida sobre la necesidad de una punición extrema, designó jueces y fiscales “militantes”, la mayoría de estos ad hoc, y presionó en ese sentido al resto de los jueces. En el proceso “inclinaron la cancha” de muchas maneras. Al modo de los tribunales populares de la Revolución Francesa, el público hostigó a los acusados y sus defensores, y alentó a los fiscales y abogados querellantes, quienes por su parte orientaron sin restricciones el testimonio de sus testigos, sugiriendo las respuestas.
El justo castigo es un principio fundamental, pero una condena sólo es legítima cuando hay pruebas fehacientes, más allá de toda duda razonable. No es el caso en estos juicios. Muchas veces bastó el lejano recuerdo de un único testigo para que la culpa del acusado se diera por probada. Lo peor es que a priori, se decidió que todo el que estuvo en un lugar en donde se torturaba había sido un “partícipe necesario”, a menos que pudiera demostrar su inocencia.
En las sentencias hay casos bien probados, con penas justificadas, pero otros -probablemente muchos- están débilmente fundamentados o viciados por el inadmisible criterio de inversión de la prueba, especialmente en el caso de oficiales jóvenes o personal subalterno. Se condenó de la misma manera a un general y a un conscripto que participó ocasionalmente en una detención clandestina. Todos reciben cadena perpetua.
Por otro lado, está la situación de las personas. A la mayoría de los detenidos de edad avanzada, ya sean condenados o sólo imputados, se les niega la posibilidad de la prisión domiciliaria, que por ejemplo le fue concedida a Arquímedes Puccio o a Barrera, el dentista femicida de La Plata. Así, ancianos enfermos y mal atendidos ven agravarse sus dolencias como consecuencia de una atención médica inapropiada e insuficiente. A la fecha han muerto en prisión cerca de 400 detenidos, y seguirán muriendo.
El espíritu vindicativo, que como todas las malas pasiones de la historia tiene sus militantes, sus consentidores y sus indiferentes, está erosionando dos pilares de la democracia institucional, ya bastante maltrecha. Lo peor es que se trata de un tema casi prohibido, del que nadie quiere hacerse cargo. Nadie termina de aceptar plenamente que hasta el peor criminal es una persona con derecho a un juicio justo y a un trato humanitario. Parecería que el terrorismo criminal, en lugar de desaparecer, consigue pervivir a través de quienes dicen combatirlo, especulando, como en aquellos años, con el conformismo o el pasivo asentimiento de los otros.
¿Qué hacer? No se trata de amnistías ni mucho menos de indultos, que agregarían más daño al principio del Estado de Derecho. Pero hay algo urgente en términos estrictamente humanitarios: ocuparse de los ancianos y enfermos, que tienen derecho a un buen morir. Y algo necesario: considerar la revisión neutral y experta de las sentencias, para corregir las defectuosas y salvar el principio del juicio justo.

lunes, 26 de diciembre de 2016

RESPUESTA PENDIENTE DE LA ADMINISTRACIÓN MACRI

Estado deliberativo y reclamo de los presos políticos

 Urgente 24

http://www.urgente24.com/260202-estado-deliberativo-y-reclamo-de-los-presos-politicos

miércoles, 21 de diciembre de 2016

http://www.infobae.com/politica/2016/12/21/queremos-que-se-sepa-que-hubo-otras-victimas-sistematicamente-olvidadas-por-la-historia-oficial/

“Queremos que se sepa que hubo otras víctimas sistemáticamente olvidadas por la historia 

Familiares de civiles y militares asesinados por las organizaciones guerrilleras en los 70 recuerdan en una campaña de spots que “esto también pasó en la Argentina” y piden un trato igualitario ante la ley


lunes, 19 de diciembre de 2016

 Buenos aires 18 de diciembre,2016

 COMISIÓN DE ENLACE PRESOS POLÍTICOS DE ARGENTINA

ANTE EL RESONANTE ÉXITO OBTENIDO EN LA MEDIDA ADOPTADA LOS DÍAS 8 Y 9 DE DICIEMBRE DE 2016, ESTA COMISIÓN SE ENCUENTRA EVALUANDO Y DENTRO DEL PLAN PRESTABLECIDO, LA POSIBILIDAD DE UNA MEDIDA SIMILAR Y DE MAYOR AMPLITUD EN RECLAMO DE LA LIBERTAD DEL PERSONAL SUBALTERNO, AGENTES Y CIVILES DE LAS FFAA Y DE SEGURIDAD DETENIDOS, COMO ASÍ TAMBIÉN DE LAS MUJERES EN LA MISMA  SITUACIÓN ILEGAL. OPORTUNAMENTE SE HARÁ CONOCER LA RESOLUCIÓN FINAL, ASÍ COMO LOS DETALLES ATINENTES A LA EJECUCIÓN DE LA MEDIDA QUE SE ADOPTE.
LA EVALUACIÓN DE LA MEDIDA ESTÁ BASADA EN EL NIVEL DE RESPONSABILIDADES DE LOS MISMOS EN LOS SUPUESTOS DELITOS QUE SE NOS ATRIBUYEN; LAS FUERZAS LEGALMENTE ORGANIZADAS JERARQUICAMENTE NO PUEDEN RENUNCIAR A SU MANDATO ELEMENTAL. LA CADENA DE MANDOS ES UNA SOLA Y DEBE SER RESPETADA POR POLITICOS, MILITARES Y FUNDAMENTALMENTE LOS JUECES, QUIENES GROSERAMENTE APLICAN LA MISMA VARA CON QUIENES CARECEN DE TODO TIPO DE RESPONSABILIDAD OPERATIVA, SABIENDO QUE NO SOLO VIOLAN LOS DERECHOS QUE LES CORRESPONDEN, SINO QUE TAMBIEN CONTRIBUYEN A LA DEVUALUACION SISTEMATICA DE LAS INSTITUCIONES DE DEFENSA Y SEGURIDAD.


COMISIÓN DE ENLACE INTERPENALES DE LOS PRESOS POLITICOS DE ARGENTINA

domingo, 28 de agosto de 2016

Pando increpó a Estela de Carlotto y le dijo de todo: “¡Los montoneros no eran jóvenes idealistas, eran terroristas!”

http://argentinaviral.com/pando-increpo-a-estela-de-carlotto-y-le-dijo-de-todo-los-montoneros-no-eran-jovenes-idealistas-eran-terroristas/
Fuimos al juicio de Córdoba, con las fotos de algunas víctimas del Terrorismo para pedir verdad, memoria, justicia y reparación, por ellos !!!
LA PERLA NEGRA
(Crónica tras las bambalinas del relato oficial)
El día 25 de agosto de este año se leyó en Córdoba una sentencia escrita largo tiempo atrás, desde el primer minuto de los cuatro años que duró la farsa judicial denominada Megacausa La Perla.
Simples ciudadanos, en forma individual o por agrupaciones, decidimos acompañar a los presos políticos que estaban siendo juzgados. Miembros de AFYAPPA, de Justicia y Concordia y el Grl Miguel Giuliano presidente del foro de Generales retirados viajamos desde Buenos Aires. Otros como en el caso de Luz García Hamilton y Yetel Menéndez desde Tucumán. Veteranos de Malvinas vinieron de Rosario o Salta.
Nos acreditamos un mes antes, por medio de los defensores de algunos imputados, para poder estar presentes el día de la sentencia.
Sin embargo, pese a que fuimos temprano esa mañana, nuestra “acreditación” no aparecía.
Nos informaron que no podíamos ingresar a la sala de audiencias y que, en un plazo perentorio, debíamos abandonar el edificio de tribunales porque estaba “blindado”. Pedimos hablar con alguien, ser acreditados, esto, aquello.
Subimos para hablar con un funcionario, bajamos para hablar con otro. Pedimos hablar con el Secretario del Tribunal. Nos acompañaron a hablar con Pablo Urrets Zavalía, un pelele soberbio de cara naranja por la cama solar y apellido ilustre que nos mostró una serie de listas. Decía que no estábamos y que no había forma de entrar. No escuchó nuestras razones, que nos habíamos acreditado, que veníamos de Buenos Aires sólo para este juicio, que muchos imputados no tenían familiares que hubieran podido venir y que podíamos conseguir su autorización y hasta su firma para ingresar en nombre de ellos. No, no, no y no. La lista la había tenido que reescribir hasta el día anterior porque funcionarios como el vicegobernador confirmaron a último momento. “Ah! Entonces por eso nos sacaron de la lista, le dieron nuestro lugar a esos funcionarios”. Silencio. Le dijimos que íbamos a entrar de todas formas, que íbamos a ingresar en la fila del público general pero que estábamos con Cecilia Pando y que si alguien la agredía o había incidentes, sería su responsabilidad. No le importó nada, se sonrío, creo que hasta disfrutó esa miserable cuota de poder que mencionaba San Martín respecto de los soberbios. Le prometimos que íbamos a ingresar, de una forma u otra.
Bajamos, subimos, nos perdimos en un edificio laberíntico. Nos empezaron a poner límites, que acá no, que bajen para allá, que en este piso no, vayan a hall de entrada, que tienen cinco minutos para desalojar el edificio… Por otro lado la defensoría mandó una nueva lista, que llegaba, que no llegaba, que nos echaban, que no nos íbamos. Estuvimos cerca de dos horas en ese tironeo.
Luz García Hamilton también se había acreditado pero en su caso como periodista. Tampoco salía acreditada. Del otro lado, los miembros y amigos de las “orgas” de DDHH entraban por decenas, sin acreditación, les faltaba gente y dejaban entrar a cualquiera.
Cuando nos obligaron a dejar el edificio fuimos, como habíamos prometido, a hacer la cola con el público general. Vino la policía asustada “no, ustedes no pueden estar con el público general, puede haber incidentes”. Nos prometieron ingresar si salíamos de la cola “vayan a la posta 1”. Allí fuimos, no aparecía la lista, que ya venía, que no venía. Entonces, el líder de una “orga” de DDHH cuchicheó algo con la que controlaba esa entrada, Inés llegó a escuchar “que entren de a cinco, aunque no estén acreditados”. Comenzaron a ingresar ante nuestra indignación. Nos metimos junto con ellos, sólo detectaron a Inés y la siguieron. Al alcanzarla “¡vos no estás acreditada!” ; “ellos tampoco” le contestó y se quedó. Subimos por una escalera, nos perdimos, la otra Inés se cayó. Llegamos a una sala extensa llena de gente, muchos con micrófonos y cámaras de fotos. Eran periodistas. ¿Será la sala de periodistas?
Pensamos que sí, en eso nos dimos cuenta de que no era la sala de periodistas sino el hall previo a la sala de audiencias cuya puerta estaba fuertemente custodiada.
Pensamos que eso era lo más lejos que podríamos llegar. Nadie nos reconoció ni nos detectó. Ni siquiera a Cecilia Pando que es la más conocida. Planeábamos quedarnos allí toda la lectura de la sentencia porque, al menos, la veríamos por pantalla gigante.
En eso llegó Estela de Carlotto y antes de que pudiéramos reaccionar Cecilia se dirigió a ella y le pidió en alta voz que defienda la verdad completa, que recuerde a las otras víctimas. El periodismo escuchó gritos, se acercó y captó el momento. Carlotto dijo que sus hijos eran las víctimas y Cecilia le retrucó que no eran víctimas ni jóvenes idealistas, que eran terroristas. Nos colgamos los carteles con los rostros de las víctimas del terrorismo.
El periodismo le hizo notas, confirmamos la forma de actuar de algunos operadores que se hacen pasar por periodistas, atacaban, agredían, repetían consignas. No preguntaban sino que afirmaban sus consignas. Estos operadores están para controlar a sus supuestos colegas y bajar línea. Igual contestamos, mostramos los carteles. Algún operador le gritó a Cecilia “¡sos una provocadora!”. Típica acusación genérica cuando no tienen de qué acusar. Empezaron: “treinta mil compañeros detenidos- desaparecidos!” y se contestaban: “ PRE-SEN-TE”. Repetían: “treinta mil…” y entonces Cecilia gritó “Coronel Argentino del Valle Larrabure!” “PRE-SEN-TE” contestamos. “Cristina Viola… PRE-SEN-TE!” Y una a una las víctimas del terrorismo. Se quedaron un poco sorprendidos y peor cuando uno ensayó un insulto:“TORTURADORES” y el corito de autómatas respondió “¡PRE-SEN-TE!”. Se dieron cuenta del pifie y avergonzados no hablaron más. Nos quedamos allí y vino un policía “a ver… las que están con Pando…”. Pensamos que nos iban a echar pero no, nos condujeron a la sala de audiencias bajo la firme promesa de comportarnos durante la lectura. “Si” dijimos “durante la lectura”. Supongo que pensaron que haríamos menos escándalo en la sala de audiencias.
Llegó Schiaretti pomposamente para hacerse notar . Le había dado asueto a la administración pública y a los colegios el día libre para que fueran a la sentencia.
Antes de la lectura de sentencia rezamos una oración. María tenía a la Virgen de la Eucaristía en sus brazos.
Ingresaron los jueces y un ujier gritó “¡de pie!”. Mis compañeras, las que pudieron ingresar, tuvieron un momento de vacilación. Ponerse de pie… quedarse sentadas… unas se pararon y se volvieron a sentar. Otras se pararon sin vacilar por respeto a la institución justicia. Yo las comprendo, la institución es respetable pero yo no me puse de pie, aun a riesgo de que me expulsaran de la sala. No siento respeto por esos jueces y la institución justicia no son los monigotes bien vestidos que ingresaron en esa sala.
Estuvimos todo el tiempo sobrecustodiadas, mujeres policías, personas de civil, hombres y mujeres, uno o dos por cada una de nosotras. Desplegamos los carteles, querían que los bajemos “que ellos bajen sus carteles entonces”. Cecilia tenía un cartel que decía “NUNCA MÁS terroristas y Montoneros”. Una pañueluda se acercó y le dijo a una mujer policía que tenía que hacer que Cecilia baje el cartel. La policía le contestó que su función no era controlar lo que dicen los carteles.
Entraron los periodistas por tandas para fotografiar a los que iban a ser condenados. El último acto de escarnio. El My Barreiro dio vuelta la cara para no salir en la foto. Mirta Anton hizo lo mismo. Tienen cientos de fotos de ellos pero dieron esa pequeña batalla para demostrar su negativa a participar del circo. En una de esas tandas entró Luz García Hamilton. “Quién es esa?” se preguntaban entre ellos, no están acostumbrados a periodistas que no sean de izquierda.
La lectura fue lo de siempre, perpetuas para todos y todas, hasta para Mirta Antón que tenía 19 años cuando ocurrieron los hechos que le atribuyen. Los jueces hicieron bien la tarea, estaba el gobernador y la prensa, no podían defraudar.
Terminó la lectura y Cecilia Pando se paró de repente “Nunca más terroristas en la Argentina!” llegó a decir y los que estaban de civil la agarraron con violencia del cuello y la tiraron al suelo como si llevara una bomba. Nos agarraron a todas, a mí me tironeaban de un brazo, a Ana la tomaron con fuerza de los dos brazos. Fue bastante violento pero estábamos pasadas de indignación y peleamos, gritamos.
Cecilia se liberó, se incorporó y desplegó un cartel con la bandera Argentina y la Virgen de la Eucaristía. No llegó a desplegarlo que se lo rompieron a tirones los civiles de custodia. Los policías casi no se metieron, podría decir que en cierta forma nos querían proteger de esos civiles que, después supimos, eran la custodia del gobernador.
“Se van a tener que ir” nos anunciaron. Como si no lo supiéramos. Pero lo gracioso es que no podían sacarnos por la salida tradicional porque estaba colmada de gente sino que tuvieron que sacarnos por alcaidía, por donde salen y entran los imputados. El juzgado es, en toda su acepción, un escenario teatral en donde los actores salen y entran entre bambalinas que se encuentran tras el escenario. Nos convertimos en actrices de esa representación y nos llevaron por todo el recorrido largo hasta el escenario. Si lo hubiéramos planeado no podía haber salido mejor. En su afán por escondernos nos sentaron al final del salón y para sacarnos debíamos recorrer todo el perímetro. Tuvimos mucho tiempo para manifestar nuestra posición sobre el juicio, sobre los “caretas” que venían a sacarse la foto de los Derechos Humanos, sobre el gobernador. Cecilia gritó “Schiaretti ¿qué hacés acá?¿ por qué no vas a hacer las cloacas?” los custodios de civil estaban para proteger al gobernador y no podían callarla. “Te vamos a tener que llevar presa porque agrediste al gobernador” le dijeron para que se calle. Cecilia seguía. María estaba desbordada. Los autómatas gritaban “a donde vayan los iremos a buscar” y María les respondía “vení ahora! Acá!” “Carlotto sos una conchuda!” “Acá tienen sus derechos humanos” y les tiró como si fueran papelitos del mundial unos dólares de utilería. Cecilia les tiró los dólares a los jueces; se sobresaltaron, pensaron que eran algún objeto contundente. El recorrido desde el fondo del salón hasta el escenario teatral fue largo así que les gritamos toda clase de cosas. Nos pusimos las naricitas de payaso que habíamos llevado y gritábamos que todo esto era un circo, que de juicio no tenía nada. Finalmente pasamos junto al secretario de cara naranja y apellido ilustre. Yo, con una sonrisa triunfante le dije “¿viste que entramos igual? A nosotras no nos para nadie”. Estaba sorprendido sin capacidad de reacción. Entramos por las bambalinas del escenario teatral y tras de nosotras los acusados que se sumaron al fervor de nuestra manifestación gritando su propia indignación.
Los pudimos visitar en un cuartito minúsculo. Para nuestra sorpresa no se encontraban abatidos, todo lo contrario, estaban sonrientes y felices. Nos dijeron que les habíamos dado una alegría muy grande con este escándalo, todos comentaban esto o aquello, que fulanita se pasó con tal cosa, o menganita tal otra. Se sintieron defendidos y reivindicados. Hubo lágrimas de emoción, gratitud y abrazos cariñosos. Nos encontramos con viejos amigos, presos durante años, conocimos a familiares con quienes tenemos contacto por correo. Cambiamos teléfonos, direcciones, invitaciones. Fue casi un festejo.
Si pudimos darles alegría a nuestros presos políticos, aunque sólo fuera por un momento, todo el esfuerzo valió la pena.
HASTA TODOS LIBRES.