
Cuando el sufrimiento nos oprime, se desata en nosotros una terrible crisis interior, que puede llevarnos a la desesperanza. Cuanto más grande resulta la injusticia, mayor es el dolor que provoca. La enfermerdad de un niño nos conmueve más que el mismo problema en un anciano.
El gran mérito del cristianismo está en haber encontrado una clave para comprender el sufrimiento. Y por habernos presentado a una persona que con su propia vida nos enseñó a hacer del dolor una causa de triunfo, gloria y felicidad. Porque fue Nuestro Señor Jesucristo quien transformó el paradigma del dolor humano, poniéndolo al servicio de nuestra salvación.

Por eso mis queridos presos políticos, aprovechen esta semana para reflexionar en torno al dolor... y hagan de su sufrimiento un acto de amor, ofreciéndolo por aquellos que más lo necesitan. Nuestro Padre eterno sabe de nuestras penurias y tribulaciones... y el quiere transformar sus injustos padecimientos, en un bálsamo que aliviane sus heridas en la Cruz. No pierdan esta maravillosa oportunidad que nos ofrece Cristo.
Cecilia Pando
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