
Todos admiramos y amamos a la Virgen María. Sin embargo ¡Cuántas lágrimas surcaron su rostro! Ella, la concebida sin mancha de pecado, tuvo que sufrir por nosotros. Y lo hizo con dignidad serena, sabiendo que su dolor servía para completar en su espíritu la redención del género humano.
Nuestro Señor nos ha enseñado que el camino de la Gloria es el sendero de la Cruz. No es posible llegar a la Pascua de

Fue Jesús también un perseguido político. Su crucifixión y muerte fue el resultado del odio, el resentimiento y la mentira. El supo hacer de tanta maldad, el camino de nuestra salvación.
Pidamos a Dios que esta Semana Santa prepare nuestros corazones para que todos los sufrimientos sean ofrecidos con generosidad para completar en nuestro propio cuerpo los padecimientos de Cristo en la Cruz... y poder gozar junto a él la Gloria de su resurrección.

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