sábado, 15 de junio de 2013

"Cuando el Estado no es ético, sufren los que menos tienen" Por Rodrigo Duarte rduarte@infobae.com

Graciela Fernández Meijide habló con Infobae de su nuevo libro sobre violencia política en los 70 y criticó su reivindicación por parte de organizaciones cercanas al gobierno."Me preocupa más la reconciliación en el presente que en el pasado", afirmó
"Cuando el Estado no es ético, sufren los que menos tienen"
Crédito foto: Adrián Escandar
La ex secretaria de la Conadep y ministra de Desarrollo Social de Fernando de la Rúa Graciela Fernández Meijide asegura que le preocupa más que los argentinos "se reconcilien en el presente más que con el pasado", y defiende la controvertida idea de reducir las penas a los genocidas a cambio de información.
En diálogo con Infobae en su coqueto y sencillo departamento de Barrancas de Belgrano, la ex integrante de la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos habló de su flamante libro Eran humanos, no héores, donde cuestiona la versión épica de la "juventud maravillosa" de la década del 70 promovida por el gobierno kirchnerista y agrupaciones afines, cuya reivindicación considera un "gravísimo error".
A casi un mes de la muerte del dictador Rafael Videla, responsable de la desaparición de su hijo Pablo a los 17 años, Meijide, quien le aseguró a Infobae que no tiene intención alguna de regresar a la política tras la fallida experiencia de la Alianza, califica a los Kirchner como advenedizos en la lucha por los derechos humanos, rescata las actitudes democráticas de ex guerilleros como los presidentes de Uruguay y Brasil José Mújica y Dilma Rousseff y critica la falta de ética en el Estado.

-Ya desde el título del libro es evidente su intención de desmitificar el relato hegemónico acerca de los jóvenes militantes en los 70 que han promovido los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. ¿Por qué es contraproducente esa versión de la historia y por qué ha decidido enfrentarla ahora?
-Es contraproducente porque no se ata la verdad, y la verdad es de todos, no es patrimonio de un grupo militante o de un grupo gobernante, y mi intención con este libro era responder una pregunta que me hacía yo misma y que se hacía gente amiga: ¿cómo fue que nos pasó lo que nunca nos debió haber pasado en los 70? Pensar que una época en la que se mataba y se moría es una época para reivindicar hoy, a mí me parece un gravísimo error, y lo que sobre todo quisiera evitar, y lo siento como responsabilidad por toda la gente que sufrió y murió, es que aquellos que aparecieron como víctimas - razonablemente, porque habían sido motivo de los ataques de las represiones con garantía de impunidad para el represor- pasaron,  sin que se estudiara su historia, a ser héroes. Y las cosas no son así.
Nosotros vemos ahora como en Uruguay un tupamaro que está presidiendo el país (por José “Pepe” Mujica) se enfrentó a la sociedad cuando salió de la cárcel, y les dijo: “Nosotros nos equivocamos. Y la sociedad sufrió porque nosotros nos equivocamos. Ahora quiero hacer política con todos”. Y lo mismo está haciendo Dilma Rousseff en Brasil, que fue guerrillera dura y fue torturada. Igual en Chile, donde en el Partido de la Concertación se inscribieron muchos ex guerrilleros, que también abandonaron la lucha armada. Lucía Topolansky (senadora y mujer de José Mujica) dijo y yo la cito en el libro: “Nosotros nos equivocamos. En lugar de elegir el camino de la democracia, elegimos un atajo, y eso nos llevó a una dictadura peor”. Me parece que no reconocer esas cosas, no le hacen bien ni a la verdad histórica, ni a la juventud actual. Hay una frase de Karl Marx que dice la primera vez la historia es tragedia, y la segunda es farsa. Nosotros tuvimos tragedia, en un momento parecía un drama que se podía haber detenido en el 73 pero siguió como si no se pudiese parar y eso es la tragedia, con un destino ineluctable. Hoy tenemos una juventud a la que le dicen que está haciendo política porque va a los supermercados a controlar el precio del yogurt.
-¿Y cree que más allá de que es necesario rectificar esa versión porque falta a la verdad, considera que puede ser peligroso que se presenten como ejemplares a personas que distaron mucho de serlo, que esto podría desembocar en una nueva experiencia combativa?
-Yo descuento que no, que la Argentina hace rato se dio cuenta que “cuanto peor, peor”, y no como se creía antes, que “cuanto peor, mejor”, y que los argentinos quieren vivir en paz. Pero lo que quiero dejar en claro es que no hay muertes buenas y muertes malas, no es algo que sirva como ejemplo en un momento en el que elegimos el camino de la democracia. Hoy es tiempo de hacer política lo mejor que se pueda, y ojala la política que se decidiera a hacer tuviese más que ver mucho con conceptos morales. Yo no quiero parecer como ingenua, como moralista, pero se ha perdido mucho de lo que tiene que ver con la ética. Además de la cuestión republicana y las instituciones, la gente siente que cumplir la palabra, que trabajar honestamente, no tiene valor, y yo creo que es un error muy fuerte, sobre todo cuando el Estado no tiene ética, porque lo sufren los que menos tienen.
-Usted ha dicho muchas veces que no combatir la pobreza que existe en la Argentina también es atentar contra los derechos humanos,  específicamente los derechos sociales y económicos de las personas. ¿Por qué pareciese que el gobierno se preocupase más por los derechos humanos vinculados a la última dictadura militar que los de los ciudadanos en el presente?
-Porque fue un tema tomado, sin antecedentes anteriores, ya que ninguno de los dos presidentes, ni Néstor Kirchner o Cristina Kirchner, tienen ningún antecedente en ocuparse de derechos humanos fundamentales como la vida y la libertad cuando estos eran atacados. Yo creo fue algo que les sirvió para instalarse después de haber llegado al gobierno con muy poca votación y aparecieron como los dueños del tema, aun no siéndolos. La cuestión es que cuando estos derechos humanos fundamentales están garantizados, es decir que no se los agrade, ya tenemos que estar ocupándonos de los derechos sociales y económicos. ¿Por qué razón hoy hasta gente que tiene dificultad para ganar un sueldo decente prefiere mandar a su hijo hasta a la escuela parroquial antes que a la escuela pública?  Porque el Estado se despreocupó de la escuela pública. Y es cierto que se está invirtiendo un porcentaje del PBI más grande que en el pasado, pero se lo hace mal. Porque los resultados son maestros haciendo huelgas todos los días, chicos tomando escuelas, un bajo rendimiento escolar. Lo mismo en otras áreas. ¿Por qué la gente se afilia a una prepaga medica? Porque el hospital no está funcionando. Y eso es responsabilidad del Estado y de los estados provinciales. La falta de ética y de eficiencia en garantizar esos derechos, eso es lo que tenemos que corregir.
-Trabajó incansablemente como parte de la Conadep y la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, ¿qué siente cuando ve que el kirchnerismo ha monopolizado esa lucha y continúa utilizándola políticamente?
 -En general yo creo que cuanta más gente se convenza de que hay que respetar los derechos humanos, tanto mejor. El haber tenido, porque secuestraron a un hijo mío, que zambullirme en ese tema y trabajar fuertemente en la dictadura y después me hace desear que cada vez más gente entre en ese terreno.
Lo que me puede hacer desconfiar es que gente que nunca se había interesado llegue y diga “con nosotros aparecen los derechos humanos”. Lo cual no es cierto. Y en la historia de los países nada empieza con una nueva presidencia. Siempre hay algo antes. Mejor, peor, pero hay cosas que construyó la propia sociedad. Que se quieran adueñar de un tema, yo creo que es perjudicial. Primero porque no hay reconocimiento a quienes antes se ocuparon; segundo que se corta la historia, y la historia no es una foto fija, es una película, que se va desarrollando con quiebres, con avances, con retrocesos, pero siempre lo que pasa hoy, tiene que ver con lo que pasó ayer, y hay un riesgo, que yo siento estamos corriendo ahora, que es empeñarse en fijar el tema derechos humanos exclusivamente en el atrás, es como tener los ojos en la nuca, y cualquiera que esté gobernando en el presente su mayor obligación es pensar en el presente y el futuro.
 - ¿Y por qué cree que organizaciones como Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, que han estado tan cerca del gobierno durante estos diez años, no han podido ver nada de lo que usted dice?
-Yo no sé por qué algunos organismos de derechos humanos se acercaron tanto al gobierno, lo puedo imaginar pero me parece que deberían ser ellos quienes dieran las explicaciones. Desde mi punto de vista, una ONG, es decir, una organización no gubernamental, precisamente lo que tiene que hacer es mantener la independencia para poder criticar libremente, para observar y señalarle errores a un gobierno , así sea democrático y vaya por buen camino. Poder decir: “miren, los Qom no tienen respetados sus derechos”, o “hay una gran cantidad de jóvenes que no trabajan y ni estudian que están casi condenados a engrosar el terrenos de la inseguridad”.
-Volviendo a su libro, usted allí analiza no solo como fue la transición democrática en Argentina, sino también en otros países de la región. ¿Cómo compara  nuestra experiencia con las de nuestros vecinos?
-Bueno, antes tanto en Brasil como Uruguay y Chile no habían habido experiencias de golpes a repetición como hubo en Argentina desde el 30 en adelante. Sí hubo golpes militares y represión, por supuesto, pero tal vez porque los focos los revolucionarios eran mucho más chicos, era más fácil abatirlos. Y cuando se sale a la democracia, ahí sí hay una diferencia grande entre nuestro país y el resto: los militares argentinos fueron los únicos que no pudieron retirarse sin poner condiciones de amnistía o no impunidad. ¿Por qué? Por Malvinas. Al emprender la aventura de Malvinas, y al ser derrotado nuestro país, tuvieron que retirarse sin poder negociar nada, cosa que si había sucedido en los otros países, donde no hubo juicios. Y acá en cambio el umbral de la democracia lo marcó la investigación que se hizo en la Conadep y el juicio a las junta. Acá hubo más justicia y verdad por parte de los damnificados, de parte de los militares prácticamente ninguna. El único que cuando ya estaban los indultos se animó a asumir los” vuelos de la muerte” fue (Adolfo) Scilingo y la respuesta que se le dio en España fue tan brutal, que ya no creo que vaya a aparecer ningún otro, a menos que se instrumenten formas de negociación de menos pena por información. Yo creo que los militares siguen teniendo información, que eso está, no se destruyó.
-Hace poco el gobernador de Córdoba José Manuel de la Sota propuso esa idea y fue duramente criticado por organismos de derechos humanos.
-Si, bueno, también me criticaron mucho a mí y a Claudio Tamburrini por lo mismo. Pero hay que ver quiénes son los que critican. Si lo hacen dos organismos de DDHH, tienen todo el derecho del mundo, pero no son el país. Yo no sé si a la gente común eso no le parece razonable.
 -Usted cierra el libro reconociendo responsabilidades de ambos lados, pero afirma que dichas responsabilidades no son equiparables. ¿Cuál sería entonces la solución para una reconciliación nacional, ya que la confrontación es algo a lo que nadie quiere volver pero a la vez la conciliación total no es posible, como usted lo admite al escribir que no puede pedir perdón en nombre de su hijo?
-Primero me gustaría señalar que en la Argentina bastantes personas que estuvieron en organizaciones armadas, o que las apoyaron, han hecho autocriticas, como por ejemplo Héctor Schmucler, Héctor Leis, que acaba de publicar un libro sobre el tema, Pilar Calveiro y hasta Juan Gelman de alguna manera. Lo que no ha habido es un reconocimiento desde las organizaciones, sobre todo de Montoneros, que todavía tiene una cúpula, de la de derrota. Y por lo tanto no ha habido una autocrítica oficial. Yo no sé si tampoco fue precisamente así en otros países, pero los hechos valieron de autocrítica. Yo disputo con Leis sobre este tema, porque él es muy duro consigo mismo y dice que hay igual responsabilidad entre las organizaciones armadas que mataban y las fuerzas armadas que mataban. Yo creo que no. Es cierto que desde los dos lados se mató y, como te dije, no hay muertes buenas. Sin embargo, las fuerzas armadas tenian todo el poder, tomaron el poder dicendo que iban a poner orden, que iban a reestablecer la democracia y las instituciones, y en realidad la persecución que hicieron y privilegiaron fue el secuestro, la tortura en el secuestro, la eliminación cuando se decidía, y el ocultamiento del cadáver. Y además por sobre todas las cosas se garantizaron la impunidad, no había juez que investigara. 

Y en el tema del perdón, o la reconciliación, con toda honestidad, después de toda la justicia que se hizo y se sigue haciendo, me preocupa mucho más la reconciliación en el presente, donde vuelve a aparecer el paradigma amigo/enemigo, y "al enemigo ni justicia", que la reconciliación por el pasado. Me preocupa mucho que no se admita que el que esta enfrente es un adversario y no un enemigo.

Sorpresivo pedido de perdón de un ex Montonero

de Clarín.com...

Es el contador jubilado Federico Ramón Ibañez, que declaró en un juicio a marinos y pilotos acusados de los “vuelos de la muerte”, y apuntó contra la organización armada. Su testimonio.

Hizo un sorpresivo pedido de perdón que dejó sin palabras a más de uno. El ex militante de Montoneros, Federico Ramón Ibañez, acusó a la cúpula de esa organización armada del asesinato por venganza de su esposa durante la dictadura, en 1977, y se disculpó con “mis enemigos de entonces” y los “jóvenes que participaron y se vieron envueltos también por mi irresponsabilidad o el papel que jugué”.
Ibáñez, 70 años, contador jubilado, atestiguó en su condición de dos años prisionero en la ESMA y sobreviviente ante el Tribunal Oral Federal 5 (TOF5), que enjuicia a 68 marinos, entre otros, pilotos acusados de los "vuelos de la muerte".
"Quiero aclarar que mi esposa nunca fue colaboradora de Montoneros como era yo" advirtió ante los jueces, y denunció que "aún sabiendo que ella no era militante ni colaboradora, Montoneros resolvió que la tenía que matar y la mataron", informó la agencia DyN. 

El ex integrante de Montoneros dijo que en los años '60 su esposa "había compartido con Mario (Firmenich, ex jefe montonero) muchos campamentos de la Juventud Estudiantil Católica" y habló de su relación personal "con Mario" al confiar que "jugábamos al fútbol".
Al ser consultado sobre su ingreso a la organización armada, respondió. “A Mario (Firmenich) lo conocí porque jugábamos al fútbol. Salió de la secundaria y (Fernando) Abal Medina (fallecido tío del actual jefe de Gabinete, Juan Abal Medina) me lo presentó y pidieron que los llevara a la villa. Esa fue mi relación inicial con Montoneros".
Ibáñez vivía con su mujer y dos hijas en una casa en Aráoz 2430 de la ciudad bonaerense de Boulogne, donde "alojábamos personas que estaban perseguidas, por ejemplo, Mario y alguna vez la hermana de Norma Arrostito", otra ex jerarca de Montoneros, según atestiguó. Había comprado esa propiedad en 1975, tras la muerte de Carlos Quieto, segundo de Firmenich, bajo la identidad falsa de Juan Carlos Pepi, con un DNI apócrifo “que me había dado Montoneros”, contó.
Hacia diciembre de 1976 en esa casa estaba escondido Marcelo Daniel Kurlat, (a) "Monra", jefe de la Columna Norte de Montoneros. Y ese año Ibáñez fue secuestrado por los marinos en una cita callejera con un compañero suyo de entonces. "Me llevaron a la ESMA y me aplicaron todas las torturas que se pueda imaginar. Querían saber dónde vivía. Yo no se los decía", sostuvo.
"Me propusieron que se los dijera a cambio de la vida de mi mujer y mis hijas", contó. Ibáñez relató que avisó por teléfono a su mujer que "estaba detenido" y que "se fueran porque en una hora iban a llegar allí". Un represor tomó el teléfono, según él, y dijo: "La vida de tu esposo depende de vos, agarrá a tus hijas y andate. No digas nada porque en una hora estaremos ahí".
Entonces el grupo de tareas enfiló hacia la casa con Ibáñez de "pasajero" y al llegar se entabló un tiroteo con Kurlat, que resistió hasta agotar la munición y se entregó manos en alto. Allí cayó ejecutado y su cadáver nunca apareció. La esposa y las hijas se habían ido un rato antes, contó Ibáñez, quien agregó que días más tarde dos miembros de la cúpula de Montoneros la citaron bajo engaños para vengarse.
"José María o Luis María Luján fue el que ejecutó la 'sentencia' para mi mujer", acusó. "Me dolió...nunca lo pude entender", dijo en referencia al episodio que le costó la vida de su señora y explicó que un día en la ESMA "pedí hablar por teléfono a casa de mi mamá y ahí me enteré de lo que había ocurrido...un mes después...que habían matado a mi esposa...". Además, reconoció haber sido “parte del staff” de prisioneros obligados a prestar servicios al grupo represivo.
Luego, llegó la parte más reflexiva de su testimonio. "No tengo odio ni a uno ni otro lado" pues "me siento responsable y asumo mi responsabilidad de haber contribuido a una locura de violencia que no debiéramos ver más", manifestó y lamentó "no haber buscado dentro mío las reservas morales e intelectuales suficientes para enfrentar el lado oscuro del espíritu del tiempo de mi generación".

"Pido perdón a mis enemigos de entonces y a los jóvenes que participaron y se vieron envueltos también por mi irresponsabilidad o el papel que jugué", sorprendió, y criticó "lamentira y la falta de compasión de las memorias hoy vigentes en Argentina que rechazan la confesión y el perdón, que ahora parecen malas palabras". 

viernes, 31 de mayo de 2013

MANCHALÁ, VOCES CONTRA LA AMNESIA

http://plumaderecha.blogspot.com.ar/2013/05/manchala-voces-contra-la-amnesia.html

Repudiamos la agresión que se produjo contra un militar ilegalmente detenido

Los hechos:
Oportunidad: El día miércoles 29/05/13, en horas de la tarde.

Lugar: Alcaidía de los Tribunales de Comodoro Py (Unidad 29 del SPF)

Debido a que se iba a dictar sentencia a un grupo de delincuentes “pesados”, el personal del SPF, había adoptado una serie de medidas cautelares propias de las circunstancias, como –por ejemplo- ingresar de a varios en el sector de celdas y contar con el apoyo del  grupo GEI (Grupo Especial de Intervención).

Como siempre (y por ello ya los presos comunes las tienen identificados), los primeros calabozos son ocupados por los Presos Políticos (son los que llaman “los calabozos de lesa”). Ese día, se encontraban Ricardo Cavallo, que concurría a la audiencia del juicio “ESMA”, y Oscar Feito

Y apareció el error humano: un celador entró solo al sector de calabozos comunes, y al proceder a abrirlo, lo “manotearon”, le pegaron lastimándolo gravemente y le quitaron los “piques” (llaves para abrir esos calabozos). Procedieron a liberar a todos los presos y se dirigieron a “los calabozos de lesa”.
No estaba la llave de ese calabozo, y Oscar Feito se encontraba solo, debido a que Cavallo había concurrido a la sala de audiencias. Los presos comunes arrancaron literalmente la puerta del calabozo y procedieron a agredir a Carlos Feito, por el sólo hecho de encontrarse allí, tildándolo de “represor”; identificándose, los agresores, como pertenecientes al “Batayón Militante”, que responde a las órdenes del Director Nacional del Servicio Penitenciario Federal, Dr. Víctor Hortel. Asimismo procedieron a romper todas las pertenencias de Cavallo, las que habían quedado en ese calabozo.

Feito debió ser suturado (seis puntos) por una herida cortante en su cabeza, presentaba múltiples escoriaciones y contusiones y heridas punzantes en sus miembros inferiores; quedó –prácticamente- “bañado en sangre”.

Esa misma noche fue trasladado el Hospital Militar de Campo de Mayo, dónde quedó internado luego de que se le realizara una tomografía computada.

Cabe destacar que, casi inmediatamente, ingresó el grupo GEI por el acceso posterior y redujo a los agresores, pero la acción ya se había desarrollado. Fue el comentario generalizado del personal de SPF presente, que ya “estaban cansados” de informar a las autoridades judiciales, que deben encontrar un lugar para alojar a los Presos Políticos, debido a que ya existían antecedentes y ellos sabían de las intenciones y amenazas preexistentes de atentar contra la vida o integridad física de los mismos, por parte de los presos del “Batayón Militante” y los identificados con “La Cámpora”.

Las conclusiones y la probable evolución:
Lo ocurrido en la Unidad 29 del SPF, puede ocurrir (y en una mucho mayor magnitud) en cualquier unidad del SPF que aloje Presos Políticos.

Éstos son un “blanco rentable” para integrantes del “Batayón Militante”, que se encuentran organizados en TODAS las unidades penitenciarias y como “fuerza de choque” de “elite” de “La Cámpora”. Compuesto por asesinos, ladrones violentos, violadores y todo tipo de carroña social, normalmente jóvenes en edad.

Es decir, los Presos Políticos, constituyen una “población en riesgo” en cualquier cárcel dependiente del SPF, por mayor esmero que ponga éste en evitar el contacto.
Por lo tanto, se debe responsabilizar a todos y cada uno de los jueces que deciden el alojamiento de todo Preso Político en una unidad dependiente del Servicio Penitenciario.

Pero existe también otra posibilidad; y es que en defensa de su integridad un Preso Político lastime, hiera o mate a un militante del “Batayón”. Entonces ¿qué van a decir? ¿que un “represor” nuevamente mató a un “joven idealista”?
Porque la diferencia, si la hay, entre esta situación planteada y lo que ocurría con la delicuencia terrorista de los años ´70, es ínfima.

miércoles, 29 de mayo de 2013

"Un acto de Justicia" por Pepe Eliaschev

http://audioblogs.cienradios.com.ar/mip/2013/05/28/un_acto_de_justicia_por_pepe_eliaschev/

Diálogo y reconciliación

Martes 28 de mayo de 2013 | Publicado en edición impresa "La Nación"
Un merecido homenaje al juez Jorge V. Quiroga, asesinado en 1974 por el ERP, vuelve a poner de manifiesto que no hay verdadera justicia sin ecuanimidad
Se ha cumplido el 39° aniversario del asesinato del juez Jorge V. Quiroga. La fecha será recordada hoy por el Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires y ha habido referencias a ella en numerosos sitios de la red global. Estos justificados homenajes contrastan con la decisión tomada tiempo atrás por el presidente de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional, doctor Gustavo Bruzzone, cuando hizo retirar del edificio de ese tribunal una placa que recordaba al ex profesor de Derecho Penal y miembro de la Cámara Federal en lo Penal. Debemos recordar que esa Cámara fue disuelta tan pronto el doctor Héctor J. Cámpora asumió la presidencia de la Nación, en mayo de 1973. Quedaba así extinguido un cuerpo judicial competente para resolver en instancia única las cuestiones por actividades terroristas que se produjeran en cualquier parte del país.
Cuando los presos por causas vinculadas con esos delitos fueron liberados la noche de la asunción de Cámpora aun antes de que se les dictara una ley de amnistía, las principales figuras de los grupos subversivos retomaron en poco tiempo su actividad terrorista. Esta vez lo hicieron contra un gobierno constitucional y en nombre de las mismas abstracciones que los habían llevado a optar por la violencia para instalar al marxismo leninismo en el poder.
Los asesinos del juez Quiroga, integrantes de un comando del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), fueron detenidos y condenados a 18 años de prisión, luego liberados, y al final de esta lamentable historia de revanchas y desencuentros han pasado, como otros miembros de la violencia terrorista, a la categoría de jóvenes idealistas, pese a haber acribillado a balazos a un magistrado que no había titubeado, con aplicación de las leyes en vigor, en condenar los actos de terrorismo. Después de su asesinato, producido el 28 de abril de 1974 en la intersección de las calles Viamonte y Paraná, en la zona de Barrio Norte, por dos sujetos que se desplazaban en una motocicleta, no hubo, por lo menos hasta 1976, otras condenas judiciales que pusieran coto a la violencia subversiva.
Los trágicos años de los excesos represivos ilegales del Estado que siguieron desde esa fecha carecen en absoluto de justificación, tanto jurídica como moralmente. Pero cabe preguntarse si no fueron potenciados por la comprobación de que la sociedad argentina se encontraba con una Justicia desprotegida y atemorizada para actuar como lo habían hecho jueces del carácter de Jorge Quiroga, al tiempo que el terrorismo retornaba como si nada a sus andanzas tras haber quedado en libertad sus dirigentes.
Los terroristas tuvieron no una, sino dos leyes de amnistía en su favor. Quienes los combatieron, en nombre del decreto de "aniquilación" dispuesto por el gobierno de la presidenta Martínez de Perón, vieron, en cambio, derogadas las leyes de punto final y de obediencia debida, que implicaron una suerte de amnistía, y también los indultos dictados en su favor durante la presidencia de Carlos Menem.
La memoria de ciudadanos como el juez Quiroga debe obrar como un recordatorio de que no hay justicia sin ecuanimidad. Pero debe servir también como testimonio de tiempos que cabe superar para el bien común de la República, y no para el aprovechamiento faccioso de quienes sólo tomen en cuenta sus intereses políticos y materiales. Es hora de poner más atención en el persistente reclamo del Papa por el diálogo y la reconciliación de los argentinos, sin por eso dejar de lado la necesidad de una memoria integral y no parcial de nuestro trágico pasado..